Estoy a favor de los sistemas tributarios de tipo PBP, impuestos pocos, bajos y parejos, de los cuales el ideal es el del impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin ninguna excepción), no expoliatorio (para que su cobro no degenere en un robo con todas las de la ley), al consumo (no al ingreso no al patrimonio).
Lo más probable, estoy consciente de ello, es que nunca lleguemos a tener un sistema impositivo de este tipo, siendo el mismo un punto de referencia: si avanzamos en esa dirección, bien, si lo hacemos en dirección contraria, mal.
La CETU, ¿supone un avance en la dirección correcta? Sí, ya que es un impuesto homogéneo (la misma tasa en todos los casos) y universal (sin ninguna excepción), y no, ya que no es un impuesto único (se pretende que sea un impuesto de control que, como tal, vaya paralelo al ISR), ya que la tasa a la que se pretende cobrar resulta expoliatoria (19 por ciento), y porque no grava el consumo sino las utilidades (es decir, parte del ingreso).
Lo correcto es un impuesto único y homogéneo, no expoliatorio, a las utilidades, es decir, al resultado de haberle restado al ingreso, generado por la venta de la mercancía, el costo de producción, que resulta de la suma del precio pagado por todos los factores de la producción: capital financiero; recursos naturales; terrenos, instalaciones, maquinaria y equipo; trabajo.
La CETU, ¿es este tipo de impuesto? Sí, ya que es un impuesto homogéneo; no, ya que es expoliatorio, y no es, ni único, ni permite la deducción de sueldos y salarios. Entonces, ¿debe aplicarse? No, si se aplica tal y como ha sido propuesto por Hacienda; sí, si los legisladores son capaces de eliminar el ISR y sustituirlo por la CETU a una tasa más cercana al 10 que al 20 por ciento, y aplicable a la utilidad de la empresa, es decir, al ingreso que resta una vez que al ingreso total se le restó todo el costo de producción, sueldos y salarios incluidos.
Aceptado que se seguirán gravando los ingresos y que el impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, al consumo, resulta, para la mayoría, ideológicamente inconcebible y políticamente incorrecto, ¿qué es, sobre todo para las empresas, lo correcto? Un impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, a las utilidades, tributo hacia el cual apunta la CETU, pero quedándose muy corto en la meta, por lo que la pregunta es si los legisladores serán capaces de, en buen plan, enmendarle la plana al Ejecutivo y convertir la CETU, concebida como un impuesto de control para limitar la elusión, en lo que debe ser, y lo repito: un impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, a las utilidades.
Por cierto: que los impuestos sean pocos, bajos y parejos no quiere decir, de ninguna manera, que los ingresos tributarios del gobierno vayan a resultar, de entrada, igualmente bajos. Ya lo dijo Laffer: la disminución de impuestos estimula la producción y la generación de ingreso, lo cual da como resultado un aumento en la cantidad recaudada por el fisco. Los legisladores, ¿serán capaces de entenderlo?
Por: Arturo Damm
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