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De la creatividad a la innovación |
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13.11.07.- El alambrito o de cómo los mexicanos estamos llamados a transformar nuestra creatividad en innovación.
En su “Catalogo de objetos imposibles” (Aura comunicaciones, 1990) Jacques Carelman muestra una colección fascinante, afanosamente elaborada durante años, de las más variadas invenciones inútiles: estuches para gastos y perros, brochas para pintar tubos, patines para ballet, zapatos con escobas integradas o cafeteras para masoquistas, que despachan café del mismo lado en que tienen el asa, muestran como el ingenio humano y de creatividad no siempre están ordenadas a la satisfacción de necesidades sociales o comunitarias.
Independientemente de la fascinación que generan dichos objetos (el museo de artes decorativas de París dedicó una exposición a Carelman de 1984, su catalogo se ha publicado en francés y en Italiano, y existen clubes de fanáticos de invenciones inútiles, que en japonés se llaman Chindogu, en caso todo el mundo), la singular colección de filosofo francés parece contener un mensaje de especial valor parta nosotros los mexicanos.
Y es que aunque pocos dudan de la creatividad mexicana, es posible sospechar con fundamentos de nuestra capacidad para dar el paso de ser creativos a ser innovador. La innovación se entiende como la creatividad socialmente funcional, la que entra en el rejuego de las necesidades de una comunidad de sus posibilidades reales, generando productos que logran posicionarse a tal grado como satisfactores de una necesidad comunitaria concreta, que terminan de alguna manera transformando a la comunidad misma.
Es sabido que los primero planos de helicópteros habían sido realizados en pleno renacimiento por Leonardo, así como que el automóvil, que había sido creado previamente, sólo logro innovarse cuando Henry Ford generó una línea de ensamble que abarató el costo de producción de los automóviles y terminó haciéndose adquiribles y deseables (viables) para la población. En este sentido, Ford más que en creador el automóvil, es su innovador. Leonardo por su parte, pusiera considerarse el creador del helicóptero, pero no quien lo innovó.
En el ámbito de las artes visuales, se sane de muchos casos de creadores de la rallar de célebre Vincent Van Gogh, que murieron pobres mientras sus obras rompieron irónicamente después de su muerte cifras récord en el mercado de las obras de arte. En el sentido de lo que nos interesa ilustrar, podemos afirmar que las obras de Van Gogh fueron innovadas mucho después de haber sido creadas. Por eso se suele decir de dichos autores que “se adelantaron a la sensibilidad de su tiempo”.
En nuestro país fue Guillermo Porras quien propuso el alambrito como símbolo de improvisación y de incapacidad innovadora. En México, recordaba este premio nacional de historia, casi todo se resuelve con un alambrito: los mexicanos no sólo logramos dejar con especial frecuencia las llaves dentro del coche (retando los fabricantes de automóviles que se han propuesto generar sistemas para que esto ya no ocurra), si no que afortunadamente contemos con alambres multifuncionales que no permitan enmendar nuestra torpeza. Pero quien hay avisto en un elevador a un mexicano que sustituye en tornillo de sus anteojos por un “clip”, sabe que los alambritos adquieren en México mas más diversas formas y usos; que sirven también para suplir botones y agujetas, axial como para “puntear” corriente eléctrica cuando se echan a perder los fusibles, repara manijas, abrir puertas, limpiar dentaduras, colgar letreros, cerrar cajones, sustituir tormillos, sostener lámparas, etcétera.
Somos indudablemente creativos (quien lo dude puede lanzarse a la ardua labor de realizar un conteo de alambritos improvisados por el país, o si su espíritu investigador llega mas lejos puede crear el “IAI” (Índice de alambrito improvisados), para hacer un estudio comparativo de México con otros países en esta materia). La verdad es que la historia recién nos muestra que estamos llamados a ir mucho más allá: no sólo escuchar las necesidades reales de nuestras comunidades, tantas veces acalladas, si no a llevar nuestro potencial creativo a sus últimas consecuencias editando todos los libros que se nos ocurran (al menos muchos mas de los que editamos), documentando el ingenio e inteligencia de nuestras empresas, reduciendo el “trecho” entre el “dicho” y el “echo” patentando y vendiendo las ideas que surgen todos los días en industrias operadas por mexicanos, dando a conocer lo que hacemos diariamente, apoyando hasta el final hasta nuestros creadores, dándole viabilidad financiera y comercial a su probado ingenio, atreviéndonos a pensar y actuar en formas distinta, invirtiendo en investigación y desarrollo ,y, en general, generando mediante la innovación en todos los ámbitos de la vida nacional-político, plástico, interpersonal, lingüístico, musical- un país más a la altura de nuestros sueños y nuestros valores.
Eduardo Garza Cuéllar
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