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Ejercer un liderazgo trascendente Imprimir E-Mail

lider23.10.07.-El líder ejerce la prudencia para poder prever hacia delante y hacia atrás las consecuencias, las razones, las premisas de aquello que va  a hacer...

...la humildad para saber leer la realidad con objetividad escuchando consejo hasta de aquellos que considera poco informados e incapaces; la constancia para no rendirse, para no cansarse, para acometer aunque todo vaya en contra; la confianza en los demás para darles espacio de acción y de decisión; la audacia para encontrar soluciones alternas a aquellas habituales que ya no funcionan; la fortaleza para estar contra viento y marea firme como un roble, siendo referencia de aquellos a quienes dirige.

Es muy común escuchar en esta época del año que en las empresas, en las asociaciones, en los grupos de acción se hable de la “planeación estratégica” la cual está rodeada de números, premisas, sueños, planes que se concretan en un maravilloso documento que a final de cuentas servirá para “guiar” las acciones de la institución para ser “la empresa líder en el ramo” al término del siguiente año.


Sin embargo, la mayoría de esos planes se quedan en eso, en planes, pues el líder no es capaz de dar un paso trascendente: la ejecución que a su vez tiene un ingrediente fundamental para poder llevarse a cabo: la voluntad de hacerlo cueste lo que cueste … Pero vamos por pasos.

Conociendo la realidad

Ante una circunstancia bien clara y definida del grupo que dirige, el líder debe tener la capacidad de desprenderse de la subjetividad que le puede hacer fracasar en la definición de su estrategia al no “ver objetivamente” las circunstancias y las personas a las que dirige. Carlos Llano habla claramente al decirnos que el criterio para discernir la verdad es la evidencia. Por ello para el líder los resultados, los indicadores, la relación con los clientes, proveedores y el personal son fundamentales, pues le dan la sensibilidad y los elementos para poder diagnosticar de forma adecuada. Ello le llevará a poder dar los pasos adecuados para afrontar cualquier situación.

El líder que realmente busca transformar la realidad que vive, debe por tanto conocer al hombre para perfeccionarlo y luego al mundo para transformarlo. Debe darse el tiempo de tener contacto personal con todos aquellos que forman parte de su equipo para junto con ellos poder dar los pasos necesarios para dirigir adecuadamente a cada uno hacia el fin común que persiguen.

De esta manera, la definición de planes y estrategias estará fundamentado en la realidad objetiva, en las personas que colaboran en dicha labor para juntos conseguir un fin común que es el mejoramiento de la institución. Pero planear e identificar las áreas de oportunidad y el camino a seguir no basta.

Aterrizando los planes


Es común encontrar fajos de papel con planes realizados, con metas identificadas y con estrategias definidas, pero que al cabo de las semanas y los meses se empolvan y es  revisado solo a final de año para ver si se cumplieron las metas. El resultado es evidentemente triste.

¿Qué es entonces lo que permite al líder aterrizar todo eso que ha identificado en la realidad como una oportunidad y lo ha reflejado en un plan de acción?
La respuesta es simple y a la vez compleja: la voluntad de hacerlo.

La voluntad es una facultad del ser humano que pone en práctica aquello que ya conoció la inteligencia y que tiende al bien universal a largo plazo. La voluntad, nos dice Carlos Llano, es causa de si misma, por lo que educarla significa mantener una reflexibilidad expresa por la que queremos querer, queremos hacer, queremos cumplir. Para ello hay que crear el ambiente adecuado que nos permita lograr aquello que “queremos”

El líder debe querer FUERTEMENTE aquella meta que se ha propuesto, debe persuadirse a si mismo de la trascendencia de eso que quiere alcanzar para poner los medios para lograrlo.

El liderazgo con voluntad férrea a su vez  cobra especial relevancia ante aquellos que siguen al líder, cuando este asume plenamente las consecuencias de sus actos, de sus decisiones, de las razones de ellos, de cumplir con sus objetivos. Esto motiva a quienes le siguen y a su vez retroalimenta y automotiva al líder creándose un círculo virtuoso al interior de la persona (la inteligencia aconseja, la reflexión volitiva acepta lo que el entendimiento le presenta y se obtiene el resultado que lleva a la reflexión de nuevo) y al interior del equipo de trabajo que ve en la decisión aterrizada de forma permanente y constante a través de la voluntad, un modelo de acción y una filosofía a seguir.

El liderazgo humilde da resultados


Carlos Llano realizó un estudio a 1,500 directores. El resultado indica que estos lideres le dan prioridad  a los aspectos intelectuales más que a los volitivos y un exiguo valor a la humildad, que es fundamental para llevar a cabo con acierto la primera actividad directiva: «el diagnóstico». Esta es la causa por la cual muchas de las estrategias no funcionan. Al faltar la humildad, el diagnóstico es erroneo, y al no tener claro el papel de la voluntad, las decisiones no se realizan y las metas no se alcanzan.

Por ello hay que entender que un auténtico líder que sea realmente efectivo debe entender su papel de liderazgo desarrollando virtudes fundamentales para el correcto ejercicio del mismo: la prudencia para poder prever hacia delante y hacia atrás las consecuencias, las razones, las premisas de aquello que va  a hacer; la humildad para saber leer la realidad con objetividad escuchando consejo hasta de aquellos que considera poco informados e incapaces; la constancia para no rendirse, para no cansarse, para acometer aunque todo vaya en contra; la confianza en los demás para darles espacio de acción y de decisión; la audacia para encontrar soluciones alternas a aquellas habituales que ya no funcionan; la fortaleza para estar contra viento y marea firme como un roble, siendo referencia de aquellos a quienes dirige. Pero sobre todo un líder debe ejercitar la virtud de la amistad, para ver en cada uno de sus colaboradores una persona a la cual conocer para dirigir en el camino del perfeccionamiento personal y laboral.

Adquirir estas virtudes requiere de conocerlas y con la voluntad propia y de la ayuda externa decidirse a adquirirlas para ser un mejor líder.

Fernando Sánchez Argomedo

 
 
 

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