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El bien común vs el bien de todos |
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08.11.06- Al diablo con las instituciones, sentencia que parece desconocer la naturaleza de las sociedades y la forma como éstas construyen sus acuerdos y evolucionan hacia estadios más altos de desarrollo.
Las instituciones son el elemento central de la vida política -las instituciones, como bien sabemos nacen de y entre las personas, que conscientes de sí mismos y su responsabilidad social, se organizan para dar estructura o conceder respeto a los valores que protegen la dignidad de la persona y la convivencia social, pacífica y constructiva-. En política las instituciones cuentan y son el elemento explicativo central de las decisiones, orientaciones y normativas que enmarcan el comportamiento de toda sociedad.
Paradójicamente son las instituciones, formadas por personas, las que al mismo tiempo las limitan. Las limitaciones sin embargo tienen por objeto proteger y salvaguardar los verdaderos valores que les dieron origen, asignando como consecuencia a las personas roles, responsabilidades, normativas, métodos, deberes y derechos, que solo podrían ser cambiados por algo mejor, más efectivo o más perfecto, pero siempre contribuyente y alineado al bien común y no respecto de interpretaciones individuales del bien de todos.
El bien común promueve a la persona humana y la convivencia social que construye una sociedad mas justa y prospera. Por ello, no es el individuo sino las instituciones integradas por personas, las que deben promover su evolución y transformación con una clara orientación humanista y de servicio social y con apego a la normativa establecida para preservar la unidad y la fidelidad a sus propósitos o idea originaria.
Es así que se provoca un grave daño a la sociedad y a las personas cuando se destruyen o atacan valores e instituciones como el estado, el gobierno, la justicia legal, la verdad o la confianza entre otros, provocando daños muy difíciles de reparar, especialmente cuando sin evidencia o desconocimiento, se hace uso de la posición o del momento, para manipular y fortalecer posiciones de poder que por sus métodos y motivaciones no podrían promover el bien común.
Al final lo que no es ético, necesariamente destruye. Así lo que no contribuye a que crezca la confianza y el respeto entre los mexicanos, destruye, retrasa o inhibe cualquier esfuerzo de unidad nacional y la construcción de una economía más fuerte y una sociedad solidaria y responsable.
Por lo anterior, el próximo gobierno deberá emprender una ardua labor de reconciliación apalancada efectiva y realmente en la promoción del bien común y contribuir a revalorar las instituciones cuidando su reconocimiento jurídico y la aceptación ciudadana por la eficacia de sus prácticas y ejecuciones.
No puede haber sociedades prosperas y justas sino se promueven los valores de respeto y confianza hacia sus instituciones. Las instituciones surgidas del respeto y la solidaridad con las personas y sus diversas formas de organización, constituyen un activo irremplazable en la construcción de una sociedad justa y una economía fuerte.
por Salvador Ceron
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