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El mundo está en tus manos |
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20.11.07.- El éxito de una empresa, de un país, de un grupo en general, depende de la calidad de su liderazgo; llegando esta figura a ser imprescindible en épocas de cambio o de crisis.
Escribir algo más de lo que ya se ha escrito sobre el tema de liderazgo parece una temeridad de mi parte, sin embargo vale la pena correr el riesgo, con la única intención de provocar “algo” en un mundo que parece querer mantenerse en actitud desidiosa, apática y desalentada, mirando cómo se escribe su propia historia y sin querer ser partícipe de ella.
Si echáramos una simple mirada a nuestro alrededor veríamos que nuestra sociedad nos ofrece un panorama bipolar: tenemos aspectos positivos, gente que se compromete con causas tan disímiles como complementarias que sirve a los demás buscando genuinamente el bien común, que nos da motivos para creer que vamos por buen camino en la sociedad.
Por otra parte tenemos un panorama desolador. Problemas como la pobreza, la falta de conciencia cívica y amor a la patria, la violencia, las adicciones, la explotación infantil, la desintegración familiar, etc. nos interpelan y al mismo tiempo nos exigen una actitud diferente, pro-activa y eficaz.
Cada uno de nosotros podemos hacer algo para mejorar nuestra realidad, de escribir una historia diferente y más alentadora para todos.
Muchos hemos cifrado nuestra esperanza de un futuro más luminoso en las generaciones más jóvenes, en aquéllos que aún conservan viva la esperanza, que mantienen la chispa de la creatividad, la energía y el talento propio de su edad; la alegría de creer en posibilidades y de animar a otros para hacer sus sueños realidad
Muchos sin importar su edad, tienden a encoger sus hombros y a amilanarse ante un futuro incierto y desalentador. Viven desencantados y llenos de temores ante fenómenos que no saben como enfrentar, el cambio climático, el desempleo, el terrorismo, el sida y tantos otros…que no se dan cuenta de que la posibilidad de redefinir el rumbo está ¡en sus manos!
Afortunadamente esta semana los jóvenes mexicanos marcaron el paso, asumiendo una actitud proactiva, de liderazgo. Fueron jóvenes los que diseñaron un creativo sistema para potabilizar el agua. Otros ganaron el certamen mundial de geografía; y un grupo de jóvenes tienen a México en las para-olimpiadas, en un envidiable quinto lugar en el cuadro de medallas obtenidas en dicha competencia.
Creo sinceramente que su secreto se centra en dos aspectos profundamente comprometedores: en la insatisfacción con las circunstancias del mundo en el que les tocó vivir y en la convicción de que pueden y tienen que poner su grano de arena para dejarlo un poco mejor de como lo recibieron.
El mundo será un poquito mejor de lo que es si cada unos de nosotros asumimos estos dos aspectos y somos capaces de ejercer cualidades de un liderazgo renovador, que inspire y transforme la vida de la sociedad.
El desafío es enorme, estoy segura de que podemos encararlo desarrollando dos actitudes indispensables:
Apertura de mente. Tener a capacidad de observar el entorno, la actuación y el pensamiento de otros. Estar dispuesto a abrirse a nuevas ideas y cambiar las que ya no sirvan, darles otro matiz, enriquecerlas. Es decir, tener una verdadera disposición de aprender. Hoy día una persona de mente cerrada polariza y difícilmente se pregunta ¿cómo puedo mejorar?
Firmeza de criterio. La condición anterior estaría incompleta sin otra condición que la regula y canaliza: la capacidad de emitir juicios de valor equilibrados. La persona que asume el liderazgo está bombardeada de estímulos del medio ambiente que pueden llevarle a perder una visión objetiva de la realidad.
También se tiene que preparar y desarrollar habilidades, adquirir conocimientos para llevar a buen puerto al equipo de trabajo. Por razón de espacio sólo mencionaré algunas de ellas:
- Habilidad para la relación, comunicación y motivación con los demás
- Capacidad para tomar decisiones, para trabajar en equipo y para administrar los procesos de trabajo (planear, organizar, delegar, dirigir, controlar, mejorar)
Además su liderazgo se ha de fundamentar en principios y valores universales como la solidaridad, la integridad, la lealtad, entre otros, y sin los cuales será difícil ejercer un genuino liderazgo y contribuir al bien común.
Para finalizar vale la pena recordar que:
El líder propicia la unidad, la integración, evita las distinciones que desunen y desmotivan; acepta y promueve el valor de la participación y la corresponsabilidad en el trabajo y en la toma de decisiones, de manera que sus seguidores se sientan responsables por y de lo que hacen.
Guadalupe Arellano
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