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Ética para la acción y la respons. social |
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07.05.07- El comportamiento íntegro y responsable de una persona tiene que ver con hacer lo debido, y hacer lo debido pasa no sólo, por el conocimiento de aquello que es bueno y lo hace crecer, sino también del conocimiento de aquello que le afecta y la seguridad de que le impedirá su crecimiento como persona y como integrante de una comunidad social.
Más importante sin embargo, es el vivir y luchar cotidianamente para actuar en congruencia con ese conocimiento, pues es fundamental aunque a veces no sea evidente, el reconocer que los vencimientos pequeños en la vida del hombre, en realidad lo preparan para las grandes empresas. Nadie puede dar lo que no tiene, por ello es imposible actuar con responsabilidad social cuando no se ha sabido ser responsable personalmente. No se está preparado para las grandes batallas, sino se ha ejercitado en las pequeñas, las de todos los días.
En nuestro entorno, escuchamos cada vez con más frecuencia de la preocupación de personas y organizaciones por las causas sociales, y que bueno, pues hace mucha falta que se movilicen recursos, para atender los aspectos más ingentes y materiales de la pobreza, así como para disminuir la desigualdad social y de oportunidades que vivimos en nuestro país.
Resolver esa problemática no es un asunto sencillo, y si lo vemos con realismo será muy difícil que el perfil de pobreza se resuelva sin políticas educativas de fondo. La atención que hoy reciben estos temas de parte de diferentes agentes sociales, deberá orientarse cada vez más a resolver las causas raíz del problema, no sólo siendo eficientes para atender la urgencia, sino también eficaces para sostenerse y perseverar en una lucha que se libra en el largo plazo y en muchos casos en medio de la incomprensión y la ignorancia.
Atender a las personas y mejorar su situación humana tiene más que ver con el servicio y la atención personal que les pueden dar otras personas. En pocas palabras se requiere del contacto humano, se requiere que se realicen actos moral y objetivamente buenos. De esa forma los hábitos buenos o habilidades éticas que se realicen transformarán, ante todo, a las personas que las realicen. El hombre austero se perfecciona a sí mismo con su austeridad y el hombre justo se perfecciona a sí mismo con su justicia.
En este sentido, el comportamiento ético y podríamos decir responsable social, no impacta en forma directa o inmediata en la sociedad sino que primero impacta en las personas que actúan con responsabilidad frente a su comunidad. Nuestra sociedad se modificará y se hará más sensible y solidaria, en la medida en que cada uno, nos hagamos concientes de esa realidad y a nuestra actuación responsable, le preceda la intención y la habilidad para conseguir los fines nobles que deben acompañar a toda acción humana.
Las convicciones y cualidades éticas de una persona tienen necesariamente un influjo en la vida pública. Una sociedad con sensibilidad social influye en los valores aceptados por los miembros de una comunidad, pero personas responsables y ejemplares son indispensables para la transformación de una sociedad.
Una actuación responsable reclama de otras que la acompañen. Cada acción o cualidad ética da sostén y consistencia a otras. El carácter ético de la acción humana es una trama de virtudes. Así por ejemplo, la justicia requiere de la fortaleza para vivirla del mismo modo que la prudencia necesita de la templanza.
La ética es un saber práctico y no teórico para la acción y la responsabilidad social, que asume una visión del hombre y una visión de la vida. No hay ética sin una teoría sobre lo que el hombre es y el sentido de su vida.
Por: Salvador Cerón Aguilar
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