económicas individuales para la toma de decisiones y por otra, el paradigma socialista que postula la necesidad de un Estado fuerte que interviene y mejora la asignación de recursos.
La experiencia sin embargo, es muy rica en matices y muestra como cada país, en diferentes momentos y frente a diferentes situaciones, va descubriendo campos y fórmulas en los que el Estado participa con mayor intensidad, y otros en los que debe dejar una mayor libertad.
Del aprendizaje de esas experiencias sabemos que es lo que se puede conseguir y como conseguirlo -economía positiva-, pero también deberíamos ser conscientes que la estabilidad social a corto plazo y la formación de expectativas positivas respecto del desarrollo y la superación de la pobreza, son indispensables para asegurar el crecimiento y la estabilidad de largo plazo.
Así desde una perspectiva responsable, se hace indispensable transformar la realidad socioeconómica, sin asumir compromisos ideológicos y orientar la solución de los problemas económicos a través de un enfoque efectivo de políticas públicas.
Las políticas públicas para ser realistas, deben contemplar, de modo equilibrado lo siguiente: el respeto de los principios ordenadores y de convivencia social, el conocimiento objetivo respecto de como se transforma la realidad, y la perseverancia y lealtad a los objetivos de política económica queridos por la sociedad y mandados al gobierno. Principios Ordenadores de la Sociedad:
Son aquellos valores éticos o condiciones que facilitan la convivencia social y que emanan de leyes naturales: respeto a la dignidad humana y la libertad; justicia distributiva, conmutativa y legal; la promoción del bien común, la solidaridad y la acción subsidiaria; y el respeto a la autoridad legítima. Objetivos de Gobierno:
Crecimiento económico.
Disminuir el desempleo.
Mejorar la distribución del ingreso.
Asegurar la estabilidad de precios..
Mantener la independencia económica del país.
Lograr estabilidad y paz social.
Aliviar la pobreza y las condiciones de vida de la población.
Ante el reto que representa la pobreza, la inequidad distributiva, la inseguridad, la falta de confianza, la insuficiencia de empleo, entre otros, un gobierno responsable ha de saber imprimir énfasis, prioridades y talento en la resolución de los apremiantes problemas del país sin poner en riesgo el futuro y el uso de recursos, pero sin descuido de las necesidades inmediatas de la población más vulnerable, actuando con firmeza para mantener el orden y el respeto por las instituciones, el bien común y la dignidad de la persona.