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14.12.06- La confianza es una virtud básica para el ser humano sin la cual no podríamos convivir y desarrollarnos como personas. De acuerdo a la Real Academia Española, confianza es la “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”.
Dicha esperanza firme en alguien o algo, puede estar referida a uno mismo, a otras personas o incluso a las cosas. Así, podemos hablar de confianza personal, que tiene la persona en sí mismo y las cosas que le rodean, y con respecto a la confianza que se le puede tener a otras personas, podemos distinguir dos perspectivas: Por un lado, la que se puede dar con las personas con las que convivimos de forma cotidiana, que podemos llamar confianza interpersonal, y por otro lado, la que depositamos en la sociedad, reflejada en comunidades, instituciones o grupos, y a la que podemos denominar confianza social.
Ahondando en la confianza personal, podemos decir que se trata de un acto libre por el cual una persona se reafirma a sí misma y por el se decide a creer en alguien más. Aunque interviene la inteligencia y la experiencia de la persona, lo que determina el otorgar la confianza en alguien es la voluntad a través de una decisión personal. En ese sentido, podemos coincidir con Nietzsche, cuando decía que “las personas que brindan su plena confianza creen por ello tener derecho a la nuestra. Es un error de razonamiento: los dones no dan derecho”. En sentido estricto, el acto por el cual una persona deposita su confianza en otra es plenamente libre, se pueden cometer errores por confiar en personas que no se lo merezcan, sin embargo, se trata de una decisión personal que debe respetarse.
La confianza personal, podría describirse con la imagen del niño que para aprender a caminar espera, sin reserva alguna, que sus padres estarán pendientes de que no caerá.
Para describir la confianza interpersonal, nos referiremos a una conferencia que ofreció el sacerdote y escritor Henry Nouwen (1932-1996), quien comentó que en alguna ocasión cumplió un deseo de su juventud al unirse a un circo para entrevistar a cada uno de los miembros del reparto. Una de las cosas que más llamó la atención de sus charlas fue la manera como realizan su acto los trapecistas: le comentaron que cuando hacen una pirueta en el aire, quien se encuentra en el vacío debe de extender sus manos y esperar que su compañero que está en el trapecio lo atrape, explicaron que si la persona que está en el aire hiciera el esfuerzo de tomar las manos de quien lo va a atrapar, sus manos podrían chocar y fracturarse, lo que pondría en riesgo la vida de ambos.
La confianza interpersonal se refleja en la tranquilidad y acojo que sentimos en nuestra familia o con nuestros amigos.
Finalmente, nuestra realidad nos muestra que estamos insertos en un grupo más grande de personas del que podríamos conocer de forma personal. Vivimos en una sociedad, la cual afecta de forma directa nuestras vidas. Así, para describir la confianza social, utilizaremos la definición que hizo Francis Fukuyama en su libro “Trust”: “Confianza es la expectativa que surge en una comunidad con un comportamiento ordenado, honrado y de cooperación, basándose en normas compartidas por todos los miembros que la integran. Estas normas pueden referirse a cuestiones de “valor” profundo, como la naturaleza de Dios o la justicia, pero engloban también las normas deontológicas como las profesionales y códigos de comportamiento”. Desde un punto de vista social, la confianza se refleja en el respeto a las leyes, costumbres y valores en común de una sociedad. Ese conjunto de normas compartidas les da a las personas un marco de referencia y un entorno por el cual pueden establecer contacto con sus semejantes.
Una sociedad que no cuente con esa confianza social, difícilmente podrá implementar un sistema de justicia que asegure la defensa de los miembros de la sociedad en sus personas y en sus bienes, toda vez que el papel de los jueces y los sistemas de justicia serían puestos en duda. Asimismo, la participación democrática se volvería imposible, habida cuenta que cualquier representante de la sociedad podría ser cuestionado y su autoridad se podría poner en entredicho por cualquiera. Finalmente, una sociedad que no cuente con esa confianza social, difícilmente podrá tener una economía viable, habida cuenta que para la realización de negocios se necesita, confianza entre quienes inician una transacción, además de un sistema de jurídico que respalde los acuerdos que se den entre particulares y entre instituciones.
Si consideramos que a grandes rasgos la confianza implica dos individuos, la pregunta que podríamos hacernos a nosotros mismos es la siguiente: ¿somos dignos de confianza?, ¿inspiramos confianza en nuestra persona y en nuestras acciones?, y finalmente, ¿confiamos en nuestras instituciones y en las leyes que norman nuestra sociedad? La respuesta que en lo personal y como sociedad demos a esas preguntas no sólo nos ayudará a comprender la situación que está viviendo nuestro país, sino que nos podría dar luces sobre el camino que debemos de seguir para mantener unida, en solidaridad y en paz a nuestra sociedad.
por José Manuel Ortiz
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