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Violación y aborto ¿culpabilidad o complicidad? Imprimir E-Mail
embrionutero17.09.07.- Estamos concientes que el tema de la niña de 13 años abusada y quien decidió, bajo el resguardo de la ley, abortar, ha sido extremadamente sensible para la sociedad chihuahuense.


Se ha discutido de manera intensa generando una grave polarización social, desgraciadamente las posturas no están resolviendo ni resolverán de raíz esta grave problemática. Sin embargo, cada uno de los actores que estamos inmersos en la sociedad - y que somos todos - no podemos pretender negar tal situación que nos involucra directa o indirectamente.

 

Hay dos sociedades que son perfectas, la Iglesia y el Estado. El fin del Estado es el bienestar temporal de la comunidad. Busca hacer efectivas las condiciones que se requieren para que sus miembros sean capaces de alcanzar la felicidad temporal. Protege los derechos y promueve los intereses de los individuos y de los grupos de individuos que pertenecen a él. Todas las demás sociedades que pretenden de alguna manera un bien temporal son necesariamente imperfectas.

 

La Iglesia también posee las condiciones requeridas para una sociedad perfecta. Que su finalidad no está subordinada a la de ninguna otra sociedad es manifiesto: pues pretende el bienestar espiritual, la felicidad eterna, del hombre. Esta es la finalidad suprema que una sociedad puede tener; no es ciertamente una finalidad subordinada a la felicidad temporal pretendida por el Estado. Además la Iglesia no depende del permiso del Estado para lograr su fin. Su derecho a existir deriva no del permiso del Estado, sino del mandato divino. Su derecho a predicar el Evangelio, a administrar los sacramentos, a ejercer jurisdicción sobre sus súbditos, no está condicionado a la autorización del gobierno civil.

 

La sociedad en sí misma no se considera como Sociedad Perfecta, ya que está subordinada a su vez al Estado. En pocas palabras, una sola familia es una sociedad imperfecta. No puede alcanzar su fin - el bienestar de sus miembros - aislada de las demás familias. La vida civilizada requiere que muchas familias cooperen para constituir un Estado.

 

Basándonos en lo anterior, ¿Quién tiene entonces la culpa en estos lamentables hechos?

 Desde el punto de vista de la Iglesia a pesar de su inmensa limitación operativa para frenar este tipo de actos, su papel estará enmarcado al llamado a la conversión de sus fieles y a los gobernantes a actuar de acuerdo a los principios de doctrina social universalmente aceptados. 

Al igual, el gobierno en este sentido tiene una mayor capacidad para legislar y administrar la justicia a favor de los desprotegidos y hasta cierto punto la prevención de estas acciones. Sin embargo, el papel preponderante tanto en la prevención como en la erradicación de este problema se encuentra fundamentalmente en la familia; ya que al ser la célula base de la sociedad no puede negar su papel formativo de la persona humana (espiritual, psicológico, emocional, físico, moral, etc).

 

Veo con gran tristeza como el tema se ha ideologizado y lo que es peor, se ha politizado. Creo que las personas que estamos en contra de que sucedan estas deleznables situaciones, nos quejamos y nos apostamos a favor de la vida por un lado, pero por otro lado no brindamos una alternativa de vida a una persona que no tiene absolutamente nada que ver en los factores que antes mencioné (el bebe abortado).

 

Para una niña de 13 años en caso de no querer abortar, ¿qué alternativas hasta este momento estamos ofreciendo el Gobierno, Iglesia y Sociedad Civil para su protección?

 

En materia de prevención queda claro que Estado e Iglesia de manera particular y separada deberán de cobijar a las familias que a su vez son resguardo de los individuos  y nosotros, como miembros de la sociedad, procurar perfeccionarnos en temas como: Formación de pareja, formación y educación de los hijos, formación personal en virtudes y todo aquello que nos lleve a mejorar nuestros conocimientos y actitudes frente a la vida.

 

Quedará disposición de la sociedad cual deberá ser el papel que nos corresponde a cada uno de nosotros en este tema que nos involucra de una u otra manera y que hasta cierto punto nos hace cómplices por omisión.

Por: Rodrigo Ruiz Gandarilla

 
 
 

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