25.07.07- Pues sí, es muy probable que en la red de complicidades del “empresario mexicano de origen chino” figuren varios funcionarios de diverso pelaje del antiguo régimen y del actual.
Vayan ustedes con cualquier narco y pregúntenle por sus conocidos en el mundo de la Administración y, forzado a confesar como Dios manda –a punta de tehuacanazos y descargas eléctricas—, les dará una suculenta lista de socios en las policías, aduanas y cuerpos de seguridad del Estado si no es que en los mismísimas altas esferas de la política. ¿Han oído ustedes hablar del ex gobernador Mario Villanueva, lectores? Pues eso.
El asunto es que a mí las historias truculentas me tienen que resultar razonablemente creíbles, vengan de quien vengan. Y, aunque aquí un criminal es perfectamente capaz de embarrar la reputación de un sacerdote, de un filántropo o de un poeta, sigo distinguiendo ciertas diferencias en los rasgos de personalidad de unos y otros por no hablar de la catadura moral de cada quien.
Don Zhenli estaba en todo su derecho de lanzar las más fantasiosas acusaciones de la misma manera como hay gente que se gana la vida contando historias de extraterrestres. Pero, eso de creer –ya no sospechar siquiera— que los estrategas de un partido político fueron a su casa a exigirle que custodiara por lo menos unos 150 millones de dólares (como si no hubiera otra manera de guardar ese dinero y otro lugar para tenerlo a buen resguardo) y, no sólo eso sino, luego de ese cuento, inferir que al tal ciudadano binacional nunca lo van a traer a México para que no suelte la sopa, tal como lo declararon ayer varios perredistas excitados y algunos priistas oportunamente adheridos a sus teorías de la conspiración, eso, repito, es estupidez pura.
Por: Román Revueltas Retes
Tomado de Milenio.com
|